Tengo los ojos ardidos aún bajo el agua. Respiro profundo, mientras me paso los dedos con las yemas arrugadas por el pelo. La ducha hace su trabajo. Quisiera estar bajo el agua hasta deshacerme, si es que acaso es posible estar más deshecha. Solía pensar que el líquido, que estar en él limpia todo, el cuerpo y las ideas. Pero estos recuerdos siguen aquí, a veces vuelven a visitarme. No importa cuantas horas esté en la tina, no importa de verdad. Tengo los ojos ardidos y el agua no puede enfriarlos, calmarlos, curarlos, no podría ni todo un océano. Quisiera comprarme una tarjeta a la felicidad que borrara todo lo que te hicieron, quisiera poder eliminar un día en la vida; sería ese tuyo. Pero no creo en dios y ya casi pierdo las esperanzas.
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te leo
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